Lleva un traje nuevo, de aquellos de rayas que acostumbran a usar las personas que los visten en muy contadas ocasiones. Por lo que no está cortado a medida, ni falta que hace. Los zapatos relucen, símbolo -junto a ese espantoso dolor de pies que le acompañará durante el resto del día- de que también son de estreno.
La impotencia, es un sentimiento humano que desgasta al hombre al mismo nivel que el del engaño. Y ese es el sentir que está empezando a aflorar en Héctor. Una línea cortada y una solución que no llega, esta es la única opción de desplazamiento a su alcance: el dinero no le llega para un taxi y las lineas de autobuses tienen un itinerario por el cual daría rodeos sin sentido.
Así que sentado en un banco de piedra de la estación, espera a que la situación se desbloquee. Las manos aferradas a un periódico gratuito, el nudo que anoche le hizo su padre presionando su garganta y la mirada perdida en un punto: en el que se encuentra el bulto tapado que en esos mismos instantes entorpece la rutina de muchos.
¿De qué se reiría aquella mujer? Si algo recuerda nuestro protagonista, es la sonrisa macabra de aquella señora antes de ser depositada en el frío suelo del andén y ser cubierta con el reluciente papel. Una escena chocante y confusa, la sonrisa de una persona al saber que iba morir arrollada.
"...con motivo de la interrupción del servicio en la línea... se pondrá a su disposición... un servicio de autobuses alternativo..."
El aire caliente le golpea en la cara al salir al exterior... Llegará tarde, pero llegará.

