martes, 8 de junio de 2010

2. Llegará tarde, pero llegará.

"No es más que una pirada que se ha tirado al Metro y me va a joder el día", Héctor maldice. Se está empezando a impacientar, el nerviosismo está empezando a invadirle. Justamente hoy, su primer día de trabajo después de haber finalizado su carrera de una forma anónima y poco destacable. La consultora quizás no sea muy importante en el sector de las telecomunicaciones, pero es lo único a lo que puede aspirar si quiere iniciarse en el mundo laboral dada la escasez de opciones.

Lleva un traje nuevo, de aquellos de rayas que acostumbran a usar las personas que los visten en muy contadas ocasiones. Por lo que no está cortado a medida, ni falta que hace. Los zapatos relucen, símbolo -junto a ese espantoso dolor de pies que le acompañará durante el resto del día- de que también son de estreno.

La impotencia, es un sentimiento humano que desgasta al hombre al mismo nivel que el del engaño. Y ese es el sentir que está empezando a aflorar en Héctor. Una línea cortada y una solución que no llega, esta es la única opción de desplazamiento a su alcance: el dinero no le llega para un taxi y las lineas de autobuses tienen un itinerario por el cual daría rodeos sin sentido.

Así que sentado en un banco de piedra de la estación, espera a que la situación se desbloquee. Las manos aferradas a un periódico gratuito, el nudo que anoche le hizo su padre presionando su garganta y la mirada perdida en un punto: en el que se encuentra el bulto tapado que en esos mismos instantes entorpece la rutina de muchos.

¿De qué se reiría aquella mujer? Si algo recuerda nuestro protagonista, es la sonrisa macabra de aquella señora antes de ser depositada en el frío suelo del andén y ser cubierta con el reluciente papel. Una escena chocante y confusa, la sonrisa de una persona al saber que iba morir arrollada.

"...con motivo de la interrupción del servicio en la línea... se pondrá a su disposición... un servicio de autobuses alternativo..."

El aire caliente le golpea en la cara al salir al exterior... Llegará tarde, pero llegará.

lunes, 7 de junio de 2010

1. Ella lo ha dispuesto así.

En el vagón se viajaba fresquito. Laura sentía que el cambio brusco de temperatura que se produciría cuando saliese de la estación de Metro, no sería muy beneficioso para su salud. Y se conocía lo bastante bien como para saber que las chicas frágiles y de salud delicada como ella, siempre llevaban un paquete de pañuelos en el bolso que terminaría irremediablemente usado.

Compartiendo la estancia del suburbano con la menudez de Laura, viajan otras muchas personas. Todas con sus propias vidas y preocupaciones, algunas leyendo libros y periódicos; otras escuchando música atronadora a oídos ajenos; parejas que conversan agarradas de la mano y mujeres en plena madurez sosteniendo animadas conversaciones.

Laura asiste en tercera persona al devenir de un mundo del que se siente una mera espectadora. Ha renunciado a jugar un papel en la vida. No se siente protagonista de nada. Su realidad es manejada y pensada por otros. Primero fueron un padre posesivo y una madre ausente en su literalidad. Estos fueron sucedidos por un matrimonio convenido y negociado con una ausencia consentida desde la desgana; por un marido distante y frío; y por una sensación de insuficiencia constante: los hijos no han llegado después de un lustro de sufridos e infructuosos intentos.

Las estaciones se van sucediendo una tras otra, como las personas que entran y salen. Al fin, Laura elige como un autómata una estación estrecha, antigua y de apariencia poco concurrida. Abandona el vagón y enfila hacia el centro del Andén 2.

Ha dejado pasar el primer tren. Y ahí sigue parada, sorteando a la gente y siendo irremediablemente arrastrada en su indecisión. Lucha por abrirse paso y tomar su propio camino: desde el lugar en el que se encuentra divisa la escalera desde la que se accede al exterior. Esta es su propia decisión y si algo se le va a llevar por delante, si va a ser arrollada, será porque ella lo haya resuelto así. Por primera y última vez en su vida, es ella quien ha tomado las riendas.

"El próximo tren efectuará su parada en breves momentos". Es la hora. Todo está dispuesto. Ella lo ha dispuesto así.

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viernes, 28 de mayo de 2010

Comienza

Siempre había querido escribir un blog literario pero nunca me había atrevido. Me falta la constancia, la rectitud, experiencias con las que contar...
Pero por fin me he decidido a dar el paso. Y lo haré con pequeños y grandes personajes. Todos anónimos que viven sus propias vidas. Unas vidas de las que todos son protagonistas. Todos son el actor principal de una historia con un mismo final: la muerte. Un final que tarde o temprano llega.

Pero en este caso un final inventado. Pues, ¿qué es ser escritor sino ser el dios de un mundo inventado y creado de la nada? ¿Me gustaría sentirme así? Yo, todopoderoso. Creador del cielo y de la tierra, de los seres que habitan en él. Regidor de los destinos de los hombres... En realidad no lo sé. Son muchas responsabilidades: los personajes no se suelen dirigir solos, su desarrollo conlleva tiempo y unas bases sólidas. Es necesaria la virtud de la paciencia con unos personajes que como creaciones propias a veces los llega a sentir uno como hijos propios...Espero estar preparado y que este mundo no se me derrumbe como un castillo de naipes.

¿Y por qué 1001 protagonistas? Porque serán 1001 historias, 1001 personajes, vidas, protagonistas, ¿muertes?... Muchos más sentimientos, anhelos, deseos, sufrimientos, fatigas, encuentros, sueños, lugares y fantasías.

Podría decirse que a estas horas se ha producido un Big Bang en este mundo creado. El Universo se expande, las galaxias se forjan, los planetas se enfrían, las estrellas lucen resplandecientes.

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